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El parque nacional de Gorongosa es extraordinario en muchos aspectos, que van desde su riqueza biológica y el interés de sus formaciones geológicas, al hecho de constituir un ejemplo sin precedentes de recuperación de un santuario natural excepcional.

Este parque incluye dos zonas elevadas bien diferenciadas, la oriental que es una meseta, y la occidental, una serie de montañas de perfil suave.  Además destaca una amplia zona baja central que constituye la parte más meridional del valle del Rift, el cual que se prolonga precisamente desde Gorongosa hasta Etiopía.  El valle del Rift es bien conocido en su conjunto, se mire por donde se mire, bien sea por los interesantísimos yacimientos paleontológicos de donde han salido restos fósiles de homínidos, esenciales para el conocimiento de la evolución humana, bien sea por los ya míticos parques naturales que lo jalonan, bien  por constituir una fractura a lo largo de la cual África oriental se separa, de forma lenta pero inexorable, de África occidental.

Volviendo a Gorongosa,  señalar que la diversidad y abundancia de su fauna, especialmente de grandes mamíferos, llamó la atención de los europeos desde  que lo conocieron. Fue reserva de caza casi desde la llegada de los portugueses hasta los años 30, cuando pasó a ser declarado parque nacional.  Las zonas montañosas y la meseta están cubiertas por un bosque deciduo semiseco de biombo, que es en realidad una sabana arbolada.  Los cauces que lo surcan albergan magníficos corredores de bosques galería, que recuerdan casi una verdadera selva pluvial.  En la zona central y en el valle del Rift, dominan extensas praderas herbáceas, conocidos como "tandos" que se inundan en la época de lluvias, y se alternan con enormes lagunas y cauces de diferente porte,. El clima es claramente estacional y los 800 mililitros de precipitación media anual se concentran en los meses de noviembre y abril, de tal forma que el parque tiene que cerrarse de enero a marzo porque sus suelos arcillosos se vuelven intransitables.  La época seca, que alcanza su punto culminante en octubre/noviembre, se prolonga el resto de meses del año. 

Se han identificado cuatrocientas especies de aves en todo el parque, es decir más que en toda España.  Los pequeños mamíferos y los reptiles apenas están estudiados. Al hablar de  los grandes mamíferos, hemos de mencionar dos épocas bien diferenciadas, lo cual nos llevaran también a consideraciones y lecciones de más calado relacionadas con este espacio único. Nos referimos a la situación existente previa a la independencia hasta la independencia en 1975,  y desde entonces hasta la firma del tratado de paz en 1992.

Durante la época de la colonia era uno de los mejores y más espectaculares  parques africanos.  Para que tengamos una idea de lo que esto significa, daremos unas cifras: 14.000 búfalos, 220 elefantes, 2000 hipopótamos, 700 ejemplares del imponente antílope caballo negro, innumerables cebras, más de 300 leones, rinocerontes blancos, y un largo etcétera.   Tras los 17 años de desastres y guerras civiles que sufrió Mozambique, apenas quedan hoy unos doscientos elefantes, unas docenas de leones, y un centenar de búfalos.  El rinoceronte blanco desapareció, al igual que el eland y otras muchas especies.  La devastación fue tal que incluso se extinguieron la hienas y los chacales. Gorongosa fue solar de batallas y enfrentamientos cruentas entre el Frelimo y la Renamo, las dos formaciones políticas que se enfrentaron en la guerra civil, y cambió de manos muchas veces.  Las magníficas instalaciones del parque construídas por los portugueses, fueron arrasadas, el equipo de guardas disperso,  y la fauna fue eliminada bien para servir de alimento al ejercito, bien como objeto del comercio ilegal de marfil en el caso de los elefantes o del cuerno en el caso de los rinocerontes.

Las consecuencias ecológicas de esta masacre  no se hicieron esperar. La desaparición de los grandes herbívoros propició un crecimiento espectacular de las altas gramíneas y ciperáceas que forman los pastizales, los cuales al secarse tras el periodo de lluvias, se transforman en un combustible, causante de espectaculares incendios.  La ausencia de los hipopótamos que fertilizaban lagos y lagunas, mantenían despejados los cauces, y permitían una activa circulación del agua en la época de lluvias, todo lo cual era esencial para mantener el dinamismo del sistema hídrico, causó un serio deterioro ecológico.  Finalmente mencionar el monte Gorongosa, situado cerca del parque pero fuera de sus límites, nacimiento de muchos de los cauces que le aportan agua.  Este monte ha servido y sirve de asentamiento a miles de refugiados y desplazados por la guerra, los cuales han desencadenado un proceso de deforestación y erosión, que incrementa, junto con la desaparición de los hipopótamos, los problemas hídricos, no sólo del parque sino de toda la región.

Y ahora, tras tanta desolación vamos a dedicar unas líneas a uno de los aspectos más esperanzadores de Gorongosa, que constituye un ejemplo único en el mundo de enorme importancia, que esperemos sea imitado en el futuro.  Se trata de la aparición en escena de la Fundación Carr creada por el estadounidense Greg Carr, quién hizo fortuna en el campo de la informática. Este filántropo de 47 años, quedó tan prendado de Gorongosa y de sus paisajes, como consternado por el trágico destino que había sufrido, que decidió emprender un proceso de restauración sin precedentes.  Tras laboriosas gestiones con el gobierno mozambiqueño,  que todavía siguen su curso,  hace menos de 2 años se puso manos a la tarea, con unos resultados más que alentadores.

Las infraestructuras del parque, modernas, funcionales  y de buen gusto, están siendo construidas en su totalidad.   El equipamiento en las instalaciones, desde las conducciones de agua hasta los vehículos, se mantiene y funciona a la perfección. La vigilancia se reactivó y la guardería, sometida a una intensa instrucción, patrulla ya por todo el parque. Los incendios se apagan.  Los 10.000 habitantes que viven dentro de este parque de 4.500 Km2 , algo menos de la mitad de Navarra, así como los que se asientan en sus proximidades, reciben una continua atención.  Se construyen escuelas y clínicas, se imparten cursos de capacitación y se les da empleo.  Una buena parte de las pistas para visitantes dentro del parque han sido rehabilitadas.  Los visitantes empiezan a fluir y alaban el restaurante y los cómodos bungalows y en conjunto se percibe un dinamismo y una actividad reconfortantes.  Se puede observar como se planta grama,  se recoge cualquier desperdicio, se afanan las cocineras o el personal de limpieza, se atiende a un turista o se sale de excursión.

La fauna salvaje evidencia también por su número y su actitud, los grandes cambios.  Los facoceros, oribis, impalas y antílopes acuáticos ya no huyen despavoridos al atisbar un todoterreno.  Lo mismo sucede con las innumerables tropas de babuinos chakma y monos simango; se pueden ya observar elefantes y leones. De todo  ello pueden dar fe dos de los grupos de MRS, que describieron con entusiasmo el encuentro con ellos.  Pero no todo no queda ahí, existe un ambicioso programa de reintroducción. Se están trayendo, con todas las garantías sanitarias, docenas de búfalos y gñus de Suráfrica: en breve vendrán rinocerontes y otras muchas especies,  hienas incluidas. Toda esta fauna se aclimata en recintos de diferentes tamaños, divididos en pequeñas zonas valladas, incluidas en un santuario de 6.000 Ha.  Además en breve el parque se ampliará en otras 150.000 Ha que incluyen el monte Gorongosa y su cuenca hidrográfica.

Quizás lo mas importante y lo mas discreto de este colosal esfuerzo de la Fundación Carr,  que cuenta este año con un presupuesto de 6 millones de dólares contra 100.000 que pone el gobierno de Mozambique, es el equipo humano. Se trata de profesionales de alto nivel, con verdadera vocación, que han dejado puestos de responsabilidad en la gerencia de importantes empresas, para sumarse a la aventura de poner a flote este arca de Noé.  Existe  un Director General y Servicios o  áreas de:  investigación, administración., turismo, comunicación y gerencia.  He podido hablar con varios de ellos y ver los programas de trabajo. Sin excepción me han causado una inmejorable impresión, y su eficacia es solo comparable a su amabilidad.  Me han informado que tienen una gran autonomía en sus funciones, que rinden cuentas por sus resultados, y que están verdaderamente contentos con su trabajo. Viven en tiendas o bungalows en el parque, al igual que hace Greg Carr durante los largos meses que pasa en Gorongosa.

Los componentes de MRS hemos aprovechado la capacidad organizativa de Hendrik Pott y de Pedro Canteiro.  Hemos disfrutado del las excelentes charlas de Vasco Galante y Richard Beilfuss, jefe del servicio de investigación.  Yo he podido aprovechar, y mucho, de mis conversaciones con Richard y la experiencia de Balldeu Chande, el administrador encargado de atender a las comunidades y jefe de guardería.  He sido atendido en todo momento por Vasco Galante, responsable de comunicación, cuyo nombre reitero con placer por sus múltiples atenciones. Me permito decir que la visita a Gorongosa, aunque el periplo Mozambiqueño no ha terminado,  ha constituido uno de sus puntos culminantes. 

Ha sido enormemente gratificante observar la expectación y la emoción con la que nuestros jóvenes acompañantes observaban a los babuinos,  a las grullas coronadas y a los antílopes de agua, o la ilusión con que narraban su encuentro con los elefantes, los leones y los hipopótamos. También la cara de sano orgullo con que nuestros guías describían tal o cual especie o tal o cual manada, disfrutaban haciéndolo y se sentían parte de este proceso difícilmente creíble de renacimiento de Gorongosa.  Era la misma expresión que muchas veces ví en los visitantes y guardas de Doñana cuando localizaban un águila imperial, o en la marisma bética te mostraban las bandadas de silbones y rabudos invernantes que nublaban el sol.  La satisfacción del trabajo bien hecho.

Gorongosa en la época portuguesa llegó a recibir 20.000 visitantes al año. El primer año de gestión de la Fundación Carr,  las visitas llegaron a 5000.  A poco que ayude el Gobierno Mozambiqueño a esta iniciativa sin precedentes,  las visitas al parque superarán pronto las expectativas más optimistas. Gorongosa no solamente puede constituir un importante fuente de ingresos para Mozambique sino un polo de atracción que muestre una nueva manera de actuar y marque un punto de inflexión a nivel mundial, en las extraviadas relaciones del ser humano con la naturaleza.

 

Profesor Javier Castroviejo.

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