Después de una larga noche de descanso, nos levantamos a las cinco y media para recoger nuestras cosas y dejarlo todo preparado para nuestra salida de la playa de Morrungulo. Tras organizarlo todo fuimos a hacer deporte a la playa antes de dirigirnos en carrera a desayunar.
Cuando hubimos disfrutado del desayuno volvimos al campamento que teníamos junto a la playa, y allí estuvimos recogiendo y limpiándolo todo para no dejar rastro de nuestra presencia.
Y por fin partimos hacia los autobuses por el mismo camino que habíamos seguido hacía ya una noche, esta vez de regreso. Fueron tres horas bajo el sol que todos fuimos capaces de soportar, a pesar del cansancio y el calor.
Terminada ya la marcha, nos repartimos todos en los autobuses para comenzar nuestro viaje hacia un nuevo destino. Pudimos descansar durante las cuatro horas que duró el traslado al puerto de Villankulo. Allí traspasamos los macutos a los barcos de vela, en los que partimos hacia la isla de Bazaruto.
Sin embargo, no sería hoy el día en que llegaríamos a dicha isla, ya que la corriente estaba en nuestra contra y, como la marea estaba subiendo, no pudimos sino volver sobre lo recorrido, retroceder e instalarnos en un edificio en obras que nos cedieron para pasar allí la noche.
Al fin, y después de una rápida e improvisada cena, decidimos que ya iba siendo hora de ir a descansar para poder cruzar el mar hasta la isla a la mañana siguiente, porque la navegación en los barcos tradicionales de vela latina (Dhow) se pospuso para entonces.
Saul Mora