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Mañana húmeda, 5 a.m. y Pablo nos despierta. Todavía prisionero en la indispensable mosquitera intento recoger mis bártulos lo más rápido posible, ya que tenemos 2 km. de marcha y un par de horitas de autobús antes de desayunar.

Una vez que está todo recogido, tenemos que colocar todos los pupitres que la noche anterior sacamos de las clases en las que dormimos, así como recoger nuestras basuras.

Los pies se hunden en el camino de arena blanca y fina, como si de una playa urbanizada se tratara. La vuelta marcha-paseo se hace mucho más cómoda que la ida en la tarde anterior. Las fuerzas renovadas y el frescor matinal aligeran nuestros macutos, y caminando, además, evitamos la sesión de gimnasia.

El trayecto en autobús se pasa entre cabezada y cabezada, hasta que llegamos a Manhiça, donde alrededor de las 8:30 estamos devorando nuestros panes con mantequilla y mermelada, acompañados por unos plátanos riquísimos.

Nos separan en grupos y asistimos a una presentación de Sergi Noguera, administrador del Centro de Investigación en Salud de Manhiça. Nos explica qué van a visitar los distintos grupos, disculpándose por tener que acabar la charla con la primesa de otra presentación con otros investigadores a la hora de comer. Cabe destacar que pudimos ver el parásito de la malaria al microscopio.

Montamos en la camioneta, un comboy de expedicionarios, cámaras y diferentes representantes de Madrid Rumbo al Sur. Sergi, que nos acompaña, nos explica la estructura y los objetivos del centro, así como los medios de financiación para éste.

Nos disponemos a visitar el centro. Lo primero que nos llama la atención es lo bien organizado que está todo y las numerosas mujeres que trabajan en él.

A medida que vamos viendo los diferentes departamentos (Demografía, Clínica, Centro de Datos, Laboratorio, etc.), podemos hacernos una mejor idea de la importantísima labor que este centro desarrolla.

Por ejemplo, el de Demografía trabaja en la creación de un censo paralelo al realizado por el gobierno, tratando de ser mucho más riguroso, preciso y frecuente (pues el estatal es cada 10 años). Esto les permite conocer mejor las necesidades de los mozambiqueños.

El Laboratorio focaliza su trabajo en la investigación de la lucha contra la malaria. A su vez, tiene distintas secciones (parasitología, bacteriologóa, microbacteriología, etc.), para poder ampliar su campo de acción en el estudio de otras enfermedades. Cabe destacar que pudimos ver el parásito de la malaria al microscopio.

Posiblemente el departamento de Clínica sea el que más ayuda a los enfermos a corto plazo. Este departamento surgió como apoyo a un centro de salud lozalizado en la acerca de enfrente. El centro realiza diagnósticos y autopsias gratis, y colabora con recursos humanos y materiales.

Después de terminar el recorrido por el centro con nuestras batas blancas y con 10 minutos de retraso, regresamos al restaurante donde todos los expedicionarios nos encontramos de nuevo para acudir a las exposiciones.

Sergi nos explica el concepto de “círculo vicioso” entendido en el marco de pobreza-enfermedad, ya que cualquiera de los dos es la causa y la consecuencia de la otra. Nos comenta también, como el doctor Pedro alonso (en su día aprendiz del médico, novel de Medicina y reconocida fama mundial, el doctor Patarroyo) se encuentra al frente del centro y está en disposición de presentar una vacuna para la malaria en 2010. Noguera termina su exposición enseñándonos cómo el centro selecciona y gestiona los proyectos de investigación.

Los otros dos ponentes explican cómo actúa la malaria y el trabajo que lleva a cabo el centro en materia de VIH-SIDA, respectivamente.

En la ronda de preguntas clarificaron temas como el porqué de la vacuna del Doctor Patarroyo no había sido comercializada y sí desacreditada, explicando que en su elaboración el Doctor se había saltado ciertos pasos. Nos comentaron también que actualmente hay 15 proyectos de vacuna contra esta enfermedad, y que sólo se considera el mejor de todos ellos.

Seguidamente comemos unos bocatas de filete y jamón con queso, y partimos en autobús hacia Marracuene, donde se encuentra uno de los proyectos de colaboración de la Comunidad de Madrid, en concreto un gran complejo, para un barrio de 6000 personas, con escuela, panadería, taller de mecánica y costura, etc.

Jugamos, prácticamente toda la expedición, un partido de fútbol con los chicos del barrio. Entonces una suculenta cena, después de la cual escribo esta crónica.

Bruno

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