Tocando diana a las 05:30 y con cada vez más cara de zombis, nos vamos a la fortaleza de Isla Mozambique construida por los colonos portugueses para uso defensivo. Tras varias fotos de grupo y con un agujero en el estómago por hambre, nos vamos a desayunar al Lar Francisco Xavier. Nos distribuimos por grupos y unos pocos somos elegidos para hacer buceo en la Isla de Goa. Tras una larga espera en la playa, cogemos una lancha que en media hora fondea cerca de la isla, donde al llegar tuvimos que tirarnos al mar para llegar a la orilla nadando. Los primeros que llegaron tuvieron tiempo de hacer snorkel en la misma playa, y vieron peces payaso, erizos, corales…
Al estar ya todos reunidos, celebramos la eucaristía en la misma playa en que Francisco Javier por primera vez dio misa en el Indico. Como altar utilizamos un caparazón de tortuga gigante y estuvimos sentados en rocas bajo los árboles bajo la sombra de un cocotero. Fue una misa diferente pero a los veintena que estábamos ahí nos encantó.
Al finalizar bordeamos la playa mientras cogíamos conchas, hasta una zona tranquila donde otros grupos practicaron una inmersión. La segunda tanda vió más o menos lo mismo que la primera. Después fuimos a una zona rocosa cerca de la playa, en la que había una serie de sifones. Nos los pasamos muy bien, pero acabamos empapados. Nos acercamos a un faro abandonado y tras husmear por la antigua casa, subimos arriba del todo, desde dónde vimos una familia de ballenas. Todos estábamos emocionados y compensó el no haber visto leones en Gorongosa. Luego bajamos y nos reunimos con el resto para esperar a los barcos de vuelta.
Tras la vuelta en la lancha, y con un hambre atroz, fuimos a comer a un restaurante muy chulo. A las cuatro, había una reunión para ver quien volvía a Beira y quien se quedaba en la isla hasta la madrugada. Los del buceo nos quedamos porque no habíamos tenido tiempo libre y queríamos aprovechar para hacer algunas compras típicas. Algunas chicas fueron elegidas para que se les untara con mushiro (una parte sacada de una caña, que hidrata y protege la piel, y que cuando se seca deja la cara blanca) que es una costumbre local.
A las seis tuvimos un encuentro con estudiantes de la isla, en la antigua casa del gobernador, para conocernos y charlar un poco. Pasamos el resto de la noche juntos y cenamos en el restaurante, dónde disfrutamos de unos bailes típicos mozambiqueños. Nuestros amigos poco a poco se fueron yendo, y antes de volver al orfanato a dormir, nos paramos a ver la iglesia de Francisco Xavier, en la cual se encontraba una piedra que servía como altar y que según la tradición se utilizaba como campana.
El día acabó a eso de las 11, y ya metidos en los sacos, nos dimos cuenta de la oportunidad que habíamos tenido de conocer a chavales de nuestra edad, con lo que compartimos sueños y ambiciones, a pesar de la disparidad de culturas. Nos dormimos pronto porque al día siguiente nos levantaríamos a las tres de la madrugada, para coger el avión que nos llevaría a Beira.