Hoy, día siete de septiembre, amanecemos en la antigua mansión de Quinta de la Frontera, bajo una niebla espesa que frustra nuestra intención de subir a las cataratas para darnos un apetecible baño. Todos, con rostros cansados, esperamos librarnos del ejercicio matutino, pero no puede ser, ¡nos ha tocado sudar!
La mañana se ve empañada, aparte de por la densa niebla, por la marcha de una monitora, Marta Mendoza, que se ha hecho querer entre los chicos y chicas de MRS.
Más tarde, acudimos al desayuno con mucho apetito, pero la excesiva lentitud de los cocineros retrasa dos horas nuestros planes.
Entorno al autobús nos espera una marabunta de niños y alrededor unos quioscos de comida, donde compramos paquetes de galletas. Ya dentro, el sueño y una epidemia de "incontinencia", nada grave, se apoderan de nosotros. El viaje hasta Beira se prolonga durante siete horas, y nuestra impuntualidad provoca que la comida que teníamos programada en el Club Náutico se convierta en una merienda.
Llegamos a nuestro destino, una nave ocupada por una misión en la que apenas hay espacio para todos. Organizamos el campamento y salimos a cenar a un buen buffet, hospitalidad de Pescanova. Después de la cena nos podemos echar unos bailes y unas risas, que nos alegran los últimos momentos que nos quedan antes de dormir.
Alvaro y Elena