Por mucho que intentáramos, ayer no podíamos imaginar toda la belleza que encierra este bosque. La luz matutina se filtra tenuemente por entre los inmensos eucaliptos, reflejándose en la multitud de coloridas flores. El murmullo de la cascada se entremezcla con el piar de los pájaros. El idílico lugar forma parte de la finca de un boer de antes de la guerra, que amante de la naturaleza, creó un autentico jardín botánico.
El edificio, a medio reconstruir, aún conserva intacta la piscina que el guarda del actual hotel trata de mantener limpia. Contrastes de este país donde la vida transcurre de manera tan diferente.
Para desayunar debemos descender unos 800 metros. Algunos van por un atajo, pero yo decido caminar despacio disfrutando de tan magnifico paraje.
El ritmo de este país es algo que todavía nos sorprende a muchos. Tres mujeres con gran calma fríen huevos de uno en uno. Para nosotros, europeos sujetos a un reloj, nos resulta desesperante, pero al final desayunamos todos.
Sor Justin nos espera para presentarnos los proyectos de los que nos habló ayer: Enseñar a la población cómo autogestionar los recursos naturales de la zona y no perder una sola gota de agua.
Divididos en tres grupos vamos a conocer el alcance de su trabajo. El proyecto alcanza a 22 grupos de 5 a 7 familias y está gestionado en tres fases. En la primera se ayuda a la familia a mejorar su huerta, se le enseña a hacerla más productiva y variada de manera que puedan cubrir sus necesidades alimentarias todo el año. En la segunda se introduce el cultivo y manipulación de plantas medicinales para primeros auxilios familiares. Así aprendemos que la buganvilla tan frecuente en España sirve para hacer jarabe para la tos.
Por último se llega al punto más importante de todo el proceso: el aprovechamiento del agua. En varias casas como que visitamos nuestro grupo han construido pozos y se están construyendo cisternas para recogida de agua de lluvia que se empleará en la estación seca tanto para consumo como para la huerta.
Todo en la casa gira en torno al agua. La huerta está más baja que la casa, el fregadero a desagua directo a los frutales, que rodeados de cañas a modo de valla y cubiertos de paja guardan mejor la humedad de la noche.
Mientras comemos en Manica Lodge, un grupo nos cuenta que ha podido ver como los llamados ¨ garimpeiros ¨ extraen el oro a la manera tradicional, con bateas en el borde del río. La zona de Manica es rica en este mineral y ha sido un reclamo desde la antigüedad hasta nuestros días; hoy todavía los comerciantes te ofrecen oro envuelto en billetes de 50 meticais, por las calles de la ciudad.
Pasamos la tarde visitando un criadero de cocodrilos. Los que tienen ahora son demasiado pequeños y algunos de los chavales, supervisados por los dueños delcriadero se atreven a tocarlos y, por supuesto a fotografiarse con ellos.
Nuevamente caminata nocturna hasta el campamento y otra vez junto al fuego intercambio de impresiones del día. La interesante charla de Antonio Marcos bombero GERA y Geólogo de la expedición es el culmen de un día intenso, cargado de buenos momentos.
Teresa Eizaguirre