Seis y media de la mañana. Ha amanecido hace ya rato y todos agradecemos que nos despierten "tarde". Abrimos los ojos y nos encontramos en un paraíso: eucaliptos que llegan al cielo, flores que nos envuelven en aromas y un río que susurra paz. Para no romper la rutina, comenzamos el día con un poco de ejercicio y luego algunos nos acercamos a bañarnos en una pequeña cascada antes de desayunar.
Durante la mañana nos dividimos y visitamos un proyecto de agricultura sostenible, que aquí es un medio de subsistencia para muchas familias. Es un día muy caluroso y todos acogemos encantados la hora de comer, ¡nos ponemos las botas!
Después, rápido como siempre, vamos a un criadero de cocodrilos. Cazan uno que luego devuelven porque nos daba pena.
La vuelta en autobús es muy animada y a todos se nos olvida el cansancio, un cansancio que no tardamos en recordar cuando comenzamos la marcha nocturna hasta el campamento en Quinta de la Frontera.
El sueño ya se está apoderando de nosotros y poco a poco se acerca el momento de acurrucarse y cerrar los ojos.
Cristina Pérez